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jueves, 3 de noviembre de 2016

Laura Forchetti



1989


esta casa en silencio
el frío

ayer en el viaje me mostrabas
                                                      el cielo

                 los niños se duermen en los viajes
                 tenemos esa intimidad precaria
                 ese descanso


era más blanda que el agua
que el agua blanda


hay un orden en las estaciones

todavía
desde la cocina
miro la acacia
junio le ha dejado apenas
las legumbres de los frutos
vainas doradas que cuelgan
                                                     de las ramas
como papelitos


esta mañana
estuve en la casa vieja
corté ramas de lavanda

era más fresca que el río


años que dormimos juntos
a orillas
uno del otro
ajenos al sueño
los lenguajes nocturnos
                  como otra escritura
                   asimétrica


la escritura es un territorio
privado


saber sufrir después partir


a veces los celos o el aburrimiento
escenografías
por las que se filtra el sol


hay un orden en las estaciones

                  enumeramos pájaros en la ruta
                  ese descanso

ahora quisiera

los deseos trazan mapas
                                    en nuestra cabeza
erramos con los ojos cerrados
sobre esos mapas
incompletos
como los sueños que acaban
                                                       de golpe
nos despertamos sin saber
si hubo final



perfume de naranjo en flor


apiladas sobre las mesas de noche
las novelas que se cruzan
estos años
un monje en silencio
sobre un libro
                                    la luz que cae
apenas suficiente
san agustín lo cuenta




                                                    todavía
nos descubrimos en esa soledad
los separados

apiladas sobre las mesas de noche
las lecturas
que traducimos a nuestros gestos
                                   levantarse
                                   decir un nombre
                                   otro día que sigue

qué le habrán hecho mis manos


hay una palabra nueva
un gesto que no te conocía
vuelvo a estar frente a un extraño


                                    sin embargo
hemos visto la muerte
en la desnudez
de la enfermedad


como una mano ajena
que me levanta la ropa


la voz devuelve el oído
                                   a su sitio


traje mi cuaderno
                  los niños  se duerme en los viajes

ahora leo para vos
desierto y luna


mientras señalás el cielo que cambia
                                    frente a nuestros ojos


(de “Cerca de la acacia”, VOX, 2007)




miércoles, 5 de octubre de 2016

Jorge García Sabal





Poema I


Los hombres y las mujeres de este pueblo
andan descalzos, pisan desnudo.
Ni el sol ni la lluvia ni la sombra
los hace felices o tristes; ellos
pisan desnudo, sin codicia.


Los hombres y mujeres de este pueblo
afilan piedras, engendran, festejan
con vino, tienen sueños nocturnos, mueren.
En silencio miran y pisan la tierra desnuda,
la aprietan, amontonan huesos, los tapan.


La gente de este pueblo es pobre y no
piensa más allá, no habla al futuro:
sólo apisona, ni feliz ni triste y
con huesos, piedras, sueños, cubre
y descubre lo que un día ha de nombrar:


memorias, involuntarios recuerdos, épicos
asuntos.


(de "Lugares propios", ed. de Tierra Firme, 1987)


martes, 2 de agosto de 2016

Pablo Ohde




XXXI


sobre cien mil castillos sumergidos

del cristal su luminiscencia

hacia la grandeza imponente que rodea la Bahía del Toro

isla Victoria

oscura sombra del agua en verano

un espacio con todas las formas

forma de peñasco

forma de guardián

de suaves arenales

y agudas gaviotas arañando el cielo

integridad gozosa en escasos peldaños de tierra

una ola inmóvil y un paisaje que es suyo

el sol del mediodía

sobre el lagarto enorme del lago dormido

entre las montañas incesantes

y nadas

hacia las cumbres eternas

hacia un cielo de inminente claridad

en las heladas aguas de la Bahía

y descubres que la paz

conserva la textura de febrero

y te sumerges en lo que quizá sea

tu último día perfecto

así transcurre el sueño

para la Criatura que se niega a los espejos

por no poder soportar

la vigilia de su mirada

(De "Panteo", 2009)


Juan Manuel Alfaro





DE PÁJAROS VOLADOS



Cuando a mi madre se le volaban los pájaros

parecía imposible que la tierra pudiera volver a tener connotaciones azules;

el día quedaba colgado en el patio

-como a una fruta traslúcida se le veía hasta adentro el sol-

y para tocarlo había que romper el mundo

y que no quedaran rastros,

había que juntar la luz de a pedacitos

y pegarla en el cielo y en las cosas

sin que se notara un añadido,

un borde,

una impureza en el diamante restituido;

había que extremar sigilos para evitar sus canas verdes

a punto de brotar y de expandirse hasta cubrir la eternidad.



Cuando a mi madre se le volaban los pájaros,

la casa parecía suspendida con alfileres en el centro de los puntos cardinales

y la suerte de los tréboles replegaba su cuarta hoja.



Pero o no resistía demasiado el nudo que se le hacía en el alma

atándonos a todos

y al igual que el del pañuelo que cubría su cabeza,

iba en seda deslizando los colores,

y nos veía volver de la música de nuestro corazón

como si recogiera de cada uno una porción de la lágrima

que empezaba a formársele

y en la que nos íbamos reflejando

a medida que pasábamos

y terminábamos de crecer...



No en musgos, ni en cenizas del lenguaje,

sino en altas arboledas se asientan esos pájaros.

(Vaya uno a saber qué fulgores y qué calladísimas mortajas

ardían en los restos de juventud 'que aún la iluminaban

encendiéndola,

como un sol todavía detrás de las lomadas…)



No sólo de tizones humeantes, los vocablos;

en ataditos frescos, también la fiesta de la niña

volviendo por el campo,

la copa volcada de la escuela

y las voces abriéndole las rosas,

cantando en el confín de los trigales,

solita en el temblor de las palabras,

para cedernos, después, lo inapagable.



Y el aire se hizo en mí,

como pudo haberse hecho en mis hermanos

o deshacerse dulcemente en las crines felices de los caballos jóvenes

u ofrecer a otros llamados su blanda claridad

entre el haz de filos de los espartillos;

pero el aire se hizo en mí

y nazco siempre del lenguaje de mi madre,

en el que -como a una fruta translúcida- se le ve hasta adentro el sol;

y a mi poesía, también, a veces, como a ella, se le vuelan los pájaros

porque hay tanto mundo al sesgo,

tantas novedades repetidas en la memoria de este país espléndido

y sangrado

y florecido,

tantos huesitos solos en las armazones del alma y la intemperie,

tanta canción que alumbra y pasa cantándonos y la dejamos ir

y, acaso, no lleguemos a alcanzarla nunca.

Se le vuelan los pájaros y en prosa llana y a zancadas

sale a juntar la luz de a pedacitos

y el fuego que nos queda y las manzanas,

y el agua que fue alegre en los arroyos

(vaya uno a saber detrás de qué lomadas, aún festeja la niña

la copa volcada de la escuela, y los vocablos abriéndose en las rosas

y un confín de trigales temblando en las palabras),

no en musgos, ni en cenizas del lenguaje,

sino en las altas arboledas.





(De“Los teros de la gracia”, Ediciones del CLE, 2015)




viernes, 27 de mayo de 2016

Diego Roel




Amma Domnina

(5 de enero. Anacoreta en Siria)


Olvidada por los hombres,
lejos de las ciudades y del mar
repito día y noche:
Santo, Santo, Santo.


Mi cuerpo es una herida interminable.


Me rodearon las bestias del desierto:
¿quién salvará mi alma?


Me rodearon y asediaron las sombras:
¿quién romperá el lazo de la muerte?


Olvidada por los hombres,
lejos de las ciudades y del mar
riego con lágrimas el suelo,
espero la preciosa semilla.


(de "Kyrios", detodoslosmares, 2016)



lunes, 4 de abril de 2016

Alejandra Méndez




Algesia


Juego
y devastación
de campo enemigo.

Púrpura lágrima
o polvo de almáciga.

(Un viejo rosal).

Mi tropa
que embiste algarrobo
y cae

Como el gigante
que tumbarán mañana.

Con paciencia de alondra
rozas carnoso acíbar
de aloe
por mi carne.

Cárcel gallinero
o lentisco alpiste
para los presos.

Nosotros bebemos té
del alpamato.

Mi soldado más valiente
solloza. Observa el altivar
sobre el ras de la tierra.

Esqueleto sacro (del Eucalyptus)
que cabalgamos
o convertimos en amantes.

Soñamos sobre su cadáver.

Ahora comprendo
el principio de algesia
que bulle en la tarde.


Laura García del Castaño


No puedes impedir la tempestad


Cuándo vas a nombrarme verdaderamente?
con el nombre que me diste
No tienes boca para nombrarme
No tienes saliva para disolver esa palabra
y necesitas de ella para oponerte a ella
para apoderarte de su alma
Ya está aquí:
El amor es un niño
y tu eres un ser abrazable para el miedo
Eres un terrón de cal para mi pie que te enfrenta
No subirás a ningún tren en Oslo
No desmoldaras un corazón en el mapa de París
No decifraras la fórmula con la tabla partida
Sólo has seguido huellas hasta un piano que golpeó tus dientes
Cuándo dejarás de imitar la voz del amo?
Cuándo dejarás de posar como el perro guardián?
Nadie encontrará tu niña perdida, nadie a quien
devolver tu pesadilla
Detrás está lo que hubiera sido, afuera
lo que ignorábamos
Cuándo vas a nombrarme?
O acaso volviste a matar al ciervo por su olfato?
Querías adornar el living
de un cazador?
La muerte ya te conoce, te ha visto, te ha enterrado como un hueso para después.
No te ambiciona.
Te desanima?
No hagas de víctima ante mi
Retira el hacha del corazón del ave
Retira el precipicio
Retira tu cabeza del fuego
Ya está aquí,
bocados de un vidrio infinitamente masticado,
ese niño echado en el círculo donde nada florece
que crece entre las grietas
que sólo sabe regresar a nosotros



lunes, 15 de febrero de 2016

Elena Anníbali





II

plantamos un árbol en la casa de la niebla

se doraban al sol los girasoles
moría otro día
otra noche

el árbol creció, arraigó
en la penumbra

modelaba con hueso su estatura

cada pájaro que probó los frutos
caía en somnoliencia
en ausencia de vida

en la radical ceguera de los muertos


(de: "La casa de la niebla" Ediciones del Dock, 2015)


jueves, 12 de noviembre de 2015

Gabriel Yeannoteguy



Microscópica

Cuando por primera vez el ojo dictaminó que los veía
o bien antes, cuando los imaginó existentes,
o bien ya después cuando lanzados al mundo
se volvieron las fuerzas vivas más antiguas,
más extensas, más poderosas,
todo lo diminuto e invisible a ojo desnudo,
todo lo iridiscente y opaco del mundo microscópico,
fascinante, se tornó
la conquista más imaginada del biolo o del quimio
-a fuerza de imaginar lo que no se ve
aún viéndolo, porque es un acto de fe.

Pero pronto abandonaron, como todo,
su lugar fantástico en la Creación
científica
y ya hoy sirven, apenas, para vender Lysoform,
es decir, vender -es decir, reproducir-
el pánico del contagio, de la transmisión,
el pánico a lo pequeño, a lo invisible.

Como nuevos miasmas, los microfantasmas
se acumulan en los dedos,
en los picaportes, en el suelo,
en el cuello que beso y me deja un gusto tibio.

(de:"El patrón" ed. En Danza, 2015)

miércoles, 30 de septiembre de 2015

José Campus



ciudad

hay
trigales detenidos en las manos.
soledad
de granos y de pájaros.
sombra
en la mañana
de todos los caminos
y un Cristo
que agoniza de olvido
entre trenes locos
aturdiendo el silencio


(de “Quiero”, 1962)

martes, 15 de septiembre de 2015

Maricel Santin



Menos mal

Mis abuelos
llenaban la frutera con remedios,
adornaban así el centro de la mesa.
Ahora mi papá pone las cajitas
al lado de su plato cuando come,
antes de sentarse las busca
y las apila.
La otra abuela hizo prometer
que no iban a operarla,
incluso moribunda escupía las pastillas.
Mi mamá lloraba
pegando pataditas en el piso,
no quería más
el remedio para la tristeza.
Si algo me duele
yo compro lo que dice la receta,
lo guardo un tiempo
y no lo tomo
por el miedo.

martes, 31 de marzo de 2015

Gabriela Piccini



Troquelados IV

No cualquier hombre nunca tuvo un perro
Hay cosas que no tienen sentido
ni se les puede poner
pero otras
sin embargo
tienen más de uno
multilplican

La voz
es una y suficiente
pero la gota cae
desde el último disparo y al revés
hacia la noche
que siempre trae dentro de si un alba redonda
una luz estímula a perpetuidad



Franco Rivero




Olfato y gusto


en el campo
una mañana
el olfato
me despertó


la tía maría
tenía una bandeja
llena
de chipá cuerito
sobre la mesa


y en unos jarros
de loza
había puesto
azúcar con canela


junto al fuego
ella era un mito


cortaba la masa
en bollos chicos
los estiraba
con ambas manos
formaba una torta
redonda
pareja
y en el medio
le hacía un pocito
por donde saliera
el aceite


una alquimia dorada
musical
le advertía el color justo
por el sonido
ya calmo
del aceite hirviendo
la hacía gotear
la retiraba






lavate la cara chanco
me dijo
acá hay agua
está tibia


olor a humo
tenía el agua
olor
a humo


feliz estaba yo
despierto






en el corral
acarició el lomo
de una vaca


dame tu jarro
dijo
se agachó
y ordeñó
dentro
de él


un chorro blanco
fuerte
con sonido a sifón
salía de la teta
me hacía reír


tomá hijo
desayuná


a mí
no me gustaba
la leche
de vaca
mordí
un chipá cuerito
haciendo tiempo
y coraje


es que mamá la hacía hervir
que largara la gordura
la juntaba con una cuchara
se la comía
y quería
que comiéramos nosotros


pero probé
y fue una magia


quería más


quería más


se va enojar el ternero
me dijo
y me reí


mucho me reí
y tomaba leche
comía chipá cuerito
me atoraba
riéndome mucho
porque todos se reían
de mí
que
reía mucho
para ser tan temprano


te vas a empachar chanco
me dijo la tía


y me empaché


olí un hogar
lo probé


era de humo
de chipá cuerito
de canela
con azúcar




                                        a maría nieve lópez, en dónde esté

miércoles, 18 de marzo de 2015

Paulina Vinderman



Escalera de incendio

Me asomo a la ventana como todas las tardes
para escribirte.
Este cielo es tan pálido que da miedo mirarlo
(y de los jacarandáes con el abuelo basta.)
Sé que estoy viva, es decir
camino calles y Veo el trabajo del azar
en la arboleda.
Nada resplandece en los papeles que rondo,
el muchacho de la batería toca de seis a siete
mientras su madre visita amigas
con alguna receta para dejar de amar.
En todo caso la soledad es la que resplandece
y a veces la sequía,
quiero ver al infinito revolotear
en esa torpe batería:
una señal, la traición de una señal, la ficción
de una señal.
Nada es seguro, ya ni siquiera me desvelo
por una palabra para hacerle feliz.

(de "Transparencias" 2005)



Roberta Iannamico




El peinado

Pensé que era una mariposa
pero era
un pequeño murciélago azul
apareció de noche
mientras dormía
para que no me molestara
con su revoloteo
lo atrapé
lo puse abajo de la almohada
y seguí durmiendo
cuando me levanté
flor que me peinaba dijo
no te asustes
pero tenés en el pelo
un murcielaguito azul
era lo que temía
lo que quería evitar
pero estaba ahí
agarrado a mi pelo
como un broche lujoso.



viernes, 27 de febrero de 2015

Marina Coronel



Máxima


La proporción de un juramento
se mide en la voluntad del paso.
En las tardes
o en las noches,
no importa,
el peso es el mismo.
La ventaja que se tiene
es la del extraño,
una rara incertidumbre
con olor a cítricos,
a árboles frutales,
azaleas.

El párrafo que se memoriza
es el del espanto.
Todos los estilos convergen
en una misma voz de inclemencia. 

(de: "Cartografía" ed. En Danza, 2014)


viernes, 20 de febrero de 2015

Verónica Pérez Arango



Aquel domingo fuimos al acuario para ver
los caballitos de mar.
Caminábamos lento
por la avenida
tu mano pequeña dentro de la mía
palpitaba la primera vez
y las migas pegadas en el sudor de la tarde.
Creíamos los dos lo mismo
que ahí adentro el agua sería cristalina
que los peces
se moverían ágiles 
luciendo escamas y aletas preciosas
que las burbujas subiendo a la superficie
serían nuestra música marina.
Los dos creíamos lo mismo. Pero no.
Todos los animales nadaban bajo un agua turbia
y entre rocas repletas
de moho y virutas de alimento balanceado.
Nos costaba ver
a través de los vidrios que estaba prohibido golpear
los tubitos de goma que les llevaban oxígeno
a las branquias anaranjadas
casi no funcionaban.
Había olor a pescado podrido.
Y a los caballitos de mar
no los vimos nunca.

(de "Un dibujo del mundo" 2014)


martes, 17 de febrero de 2015

Betina Edelberg





SALVACIÓN POR LA PALABRA






Y sin embargo

en el comienzo de la mentira

en el movimiento ciego y apurado

y sin asilo

en el falso espejo de la palabra

está nuestra morada

y nos consume

y aprisiona con su palma de siglos.




Aceptar esta muerte morosa

el imperio de esta lenta podredumbre

y sin hoguera

sin resurrección acaso.


Aceptar la soledad de una frase

que destruye el mundo que rodea

en una imagen sin recuerdo

sin ojo.


Aceptar el altivo exilio de nombrar.


Aceptar

la débil esperanza de la profecía

y del oráculo


que nadie entendió.


(Mutaciones , 1964)

martes, 10 de febrero de 2015

Dardo Dorronzoro



TODAS LAS MAÑANAS

No me cortarán el viento de los ojos,
yo te digo;
no me cambiarán de azul la torre de los pinos,
ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos.
Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo,
todos los inviernos, todos los eneros,
yo soy una sangre perdida en la calle más antigua,
una espuma de llanto y una tos en los jergones;
yo soy para siempre en mi último camino.

(de "Viernes 25" Ed Letras 1989)