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viernes, 2 de diciembre de 2016

Diego Hurtado de Mendoza



SONETO

1

Días cansados, duras noches tristes,
crudos momentos en mi mal gastados,
el tiempo que pensé veros mudados
en años de pesar os me volvistes.

En mí faltó la orden de los hados;
en vos también faltó, pues tales fuistes,
que podréis en el tiempo que vivistes
contar largas edades de cuidados.

Largas son de sufrir cuanto a su dueño
y cortas si me hubiese de quejar,
mas en mí este remedio no ha lugar,

que la razón me huye como sueño
y no hay punto, señora, tan pequeño,
que no se os haga un año al escuchar.

Gabriel Bocángel



Yo cantaré de amor tan dulcemente


Yo cantaré de amor tan dulcemente
el rato que me hurtare a sus dolores,
que el pecho que jamás sintió de amores,
empiece a confesar que amores siente.

Verá cómo no hay dicha permanente
debajo de los cielos superiores,
y que las dichas altas o menores,
imitan en el suelo su corriente.

Verá que ni en amar alguno alcanza
firmeza (aunque la tenga en el tormento
de idolatrar un mármol con belleza).

Porque si todo amor es esperanza,
y la esperanza es vínculo del viento,
¿quién puede amar seguro en su firmeza?

viernes, 18 de noviembre de 2016

Ernestina de Champourcín



Los árboles contigo...

¡Los árboles contigo!
Masas de hojas verdes traspasadas de luz
y mi nombre allá lejos,
murmurando allá lejos
a la orilla del mar por voces que no saben
qué página de un libro
me estalla entre los labios.



Josefina de la Torre






Te quiero porque sabes decir mentiras

Mira:
me gustas porque sabes
decir mentiras.
Si dijeras verdades
no me gustarías.
¡Qué dulce que sabe
la mentira!
Es buena,
noble,
decisiva.
Y la verdad
¡qué tonta y desabrida!
Siempre igual,
esperada, conocida.
¡En cambio la mentira
qué dulce,
amarga compañera mía!

Te quiero,
porque sabes decir mentiras

(de "Poemas de la isla", 1930)


jueves, 17 de noviembre de 2016

Jorge Guillén




Desnudo

Blancos, rosas... Azules casi en veta,
       Retraídos, mentales.
Puntos de luz latente dan señales
       De una sombra secreta.

Pero el color, infiel a la penumbra,
        Se consolida en masa.
Yacente en el verano de la casa,
        Una forma se alumbra.

Claridad aguzada entre perfiles,
        De tan puros tranquilos
Que cortan y aniquilan con sus filos
         Las confusiones viles.

Desnuda está la carne. Su evidencia
         Se resuelve en reposo.
Monotonía justa: prodigioso
         Colmo de la presencia.

¡Plenitud inmediata, sin ambiente,
         Del cuerpo femenino!
Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino?
         ¡Oh absoluto presente!

(de:"Cántico", Sudamericana, 1950)



miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fernando de Herrera



Rojo Sol

Rojo sol, que con hacha luminosa
cobras el purpúreo y alto cielo,
¿hallaste tal belleza en todo el suelo,
que iguale a mi serena Luz dichosa?
Aura süave, blanda y amorosa,
que nos halagas con tu fresco vuelo,
¿cuando se cubre del dorado velo
mi Luz, tocaste trenza más hermosa?

Luna, honor de la noche, ilustre coro
de las errantes lumbres y fijadas,
¿consideraste tales dos estrellas?

Sol puro, Aura, Luna, llamas de oro,
¿oístes vos mis penas nunca usadas?
¿Vistes Luz más ingrata a mis querellas?

martes, 1 de noviembre de 2016

Garcilaso de la Vega


Soneto X

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!

¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas qu’en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevame junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Joan Maragall



La vaca ciega

En los troncos topando de cabeza,
hacia el agua avanzando vagorosa,
del todo sola va la vaca. Es ciega.
De una pedrada harto certera un ojo
le ha deshecho el boyero, y en el otro
se le ha puesto una tela. La vaca es ciega.
Va a abrevarse a la fuente que solía,
mas no cual otras veces con firmeza,
ni con sus compañeras, sino sola.
Sus hermanas por lomas y cañadas,
por silencio de prados y riberas,
hacen sonar la esquila mientras pastan
hierba fresca al azar. Ella caería.
Topa de morro en la gastada pila,
afrentada se arredra, pero torna,
dobla la frente al agua y bebe en calma.
Poco y casi sin sed; después levanta
al cielo enorme la testuz cornuda
con gesto de tragedia; parpadea
sobre las muertas niñas, y se vuelve,
bajo el ardiente sol, de lumbre huérfana,
por sendas que no olvida, vacilando,
blandiendo en languidez la larga cola.

(Poesies, 1895; Traducción de Miguel de Unamuno)

viernes, 13 de marzo de 2015

Ramón María del Valle-Inclán





11

¡Verdes venenos!¡Yerbas letales
de Paraísos Artificiales!

A todos vence la marihuana,
que da la ciencia del Ramayana.

¡Oh! Marihuana, verde neumónica,
cannabis índica et babilónica.

Abres el sésamo de la alegría,
cáñamo verde, kif de Turquía.

Yerba del Viejo de la Montaña,
el Santo Oficio te halló en España.

Yerba que inicias a los faquires,
llena de goces y Díes Ires.

¡Verde esmeralda -loa el poeta
persa- tu verde vistió el profeta!

(Kif -yerba verde del persa- es
el achisino bhang bengalés.

Charas que fuma sobre el diván,
entre odaliscas, el Gran Sultán.)


(de  "La pipa de kif ", 1919)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sol Acín



Hacia el estudio


Tu quehacer está allí, sobre la mesa.

Cuando te acerques volará el sentido

de las amadas cosas que te cercan:

el calor de tu piel, bajo el contacto

suave y terso del aire, los rincones

derramando pureza en sus tres líneas,

la alfombra de la luz encapuchada

por serenos contrastes de armonía.

Pienso que el mundo claro de mi cuarto,

detenido en su marcha con el día,

se ha olvidado de ser algo en la tierra,

y abre un camino alegre y desprendido

por su cielo presente y circundante.

(publicado en la revista "Argensola"  1952)

miércoles, 2 de abril de 2014

Carlos Edmundo de Ory





LOS AMANTES

Como estatuas de lluvia con los nervios azules
Secretos en sus leyes de llaves que abren túneles
Sucios de fuego y de cansancio reyes
Han guardado sus gritos ya no más
Cada uno en el otro engacelados
De noches tiernas en atroz gimnasio
Viven actos de baile horizontal
No caminan de noche ya no más
Se rigen de deseo y no se hablan
Y no se escriben cartas nada dicen
Juntos se alejan y huyen juntos juntos

Ojos y pies dos cuerpos negros llagan
Fosforescentes olas animales
Se ponen a dormir y ya no más.

domingo, 23 de marzo de 2014

Carmen Jodra Davó






EL HORIMENTO BAJO EL FIRMAZONTE

…… La farandolina en la lejantaña de la montanía
……………...……………El horimento bajo el firmazonte…
……………...……………………………VICENTEHUIDOBRO

–¡Democrad! ¡Libertacia! ¡Puebla el vivo!
¡No dictaremos más admitidores!
Pro lometemos, samas y deñores,
nuestro satierno va a gobisfacerles.

Firmaremos la gaz, no habrá más perra,
zaperán juntos el queón y el lordero,
y quieto promerer y lo promero,
vamos a felicirles muy hacerles.

(Y el horimento bajo el firmazonte,
o el firmazonte bajo el horimento
–ye ca no sé–, brillaba, grona y aro).

–Que se me raiga un cayo si les miento:
fumos soertes, y, mo lás pimtortante,
¡blasamos hiempre claro!


Domingo Rivero




MIS PIES

Pies que alzábais ayer –cuando yo era
ferviente soñador- polvo que ardía,
de mi sol juvenil bajo la hoguera,
como una nueve al despuntar el día,
y tal vez misteriosa cabellera
en la senda a lo lejos parecía…
¡Aquel amanecer de la quimera
es noche triste en mi vejez sombría!
Y hoy, pobre pies cansados, que a mi puerta
la muerte ya con impaciencia llama,
y camináis hacia la tumba abierta;
de la senda de ayer, ahora desierta,
polvo arrastráis con que mullir la cama
en que no se despierta.

(8 Septiembre 1924)

Lois Pereiro





XXV



Déjate devorar por quien te escoja

ahora que eres una luz evadida

de la oscuridad que te había capturado.



Déjate devorar

e impide fieramente

que te vuelva a habitar y te contagie

tu latente sombra irrevocable.

sábado, 22 de marzo de 2014

Esther Zarraluki





Las pescaderas
remueven el hielo

hablan con el cliente y piensan
en sus cosas, algunas
con los pezones duros bajo
el milagro de sus puntillas

de noche aman sus carnes

tiran las cabezas al suelo
descaman la piel
con encías inocentes

asoman sus uñas rojas cuando
destripan al pez y
le cambian el nombre

el poema se les parece

(Cobalto)

viernes, 21 de marzo de 2014

Juan Ramón Jiménez




Con ella y el cardenal


Tú los viste, los álamos aquellos
que, en la bajada de la loma aquella,
incendiaban su tiempo
con propia y roja luz sin acabar;
los que en la noche, cuando nos volvimos
a verlos en su sitio rojos,
soñaban que quemaban por los ojos
al que los descubría en su rincón

¡Qué incendio aquel, qué alamos de allí
para nosotros,
de allí solo para nosotros solos; el allí
que uno quiere volver a ver, volver a ver,
volver a ver siempre lo mismo!

No, no era oro errante en oro fijo,
era oro en acción, era oro en órbita,
era astro de oro en árbol rojo,
con espacios de tierra entres sus ramas,
que eran, con cardenal de gloria
recogida entre dobles alas mudas,
espacios no de cielo ya,
de interna eternidad.

Tú los viste, los álamos aquellos.
no me digas ya más que no eran ellos,
que no eran aquellos que soñamos.
ellos eran aquellos;
aquellos
que en la bajada de la loma aquella
incendiaban el tiempo, el alto tiempo
con roja y propia luz sin terminar.

De Una colina meridiana (1942-1950)

sábado, 15 de marzo de 2014

Pedro Casariego Córdoba




ESTA SOLEDAD

para Juan (regalo)
c. 1980

esta soledad es hija de una altura equivocada
yo tengo el vicio del cielo
soy el único propietario
del aire huesudo y de los pájaros fáciles

los huesos azules del cielo
forman un espacio largo y delgado
y se quiebran en tormenta
y bajan en agua
para acabar en lápida sin nombre

el rojo de mis manos es un misterio
porque brota de ríos blancos que se inclinan como lápidas

a través de la tela metálica
cabizbaja la mala hierba roba el principio del otoño

en otoño los ladrones de cielo
llevan silencio en el pico y tumba en las alas

me agarro a la tela metálica
y no tengo dinero

las mujeres redondas siempre tienen dinero
pero cuando miran hacia lo alto para celebrar una cama nueva
alguien impide el cielo con una navaja de aire

me agarro a la tela metálica
y no tengo mujer redonda

yo tengo el vicio del cielo porque tengo miedo
Porque soy cobarde

mujer entera no puedo darte nada plancha mi tormenta
LA CENA ES A LAS 6.

YO SOY EL CAMARERO.




Juan Eduardo Cirlot




A LA QUE RENACE DE LAS AGUAS

Las huellas de tus dedos
no se ven en la torres.

Pero yo leo sin descanso, en la soledad de la ermita junto
al mar
los antiguos signos en donde tú estuviste hacia el año mil,
por los bosques, los pantanos, las ramas y las hojas, la arcilla
pisada.

Dentro del corazón está la muerte
como una runa blanca de ceniza.

Acércate por el campo blanco o por el verde campo o por el
campo negro, pero ven.

Detente ante la tumba
donde los dos estamos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Lope de Vega




A MIS SOLEDADES VOY


A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

«Sólo sé que no sé nada»,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio;
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los estraños,
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento;

y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento,
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo!
Porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños.

Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;

ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni Pascuas dieron.

Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

viernes, 7 de marzo de 2014

Jorge Manrique




Pregunta de Jorge Manrique

Entre dos fuegos lançado
donde amor es repartido,
del uno soy encendido,
del otro cerca quemado.
Y no sé yo bien pensar
quál será mejor hazer:
dexarme más encender
o acabarme de quemar.
Dezid qué deuo tomar.

Respuesta de un galán

Quien biviere con su grado,
de razón ya despedido,
sígale, pues le a seguido,
para ser de él más privado.
Mas si quisiere mirar
a virtud o a buen saber,
no, cierto, el nuevo querer,
mas el viejo comportar
suele mejor remediar.