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miércoles, 15 de febrero de 2017

Liber Falco



Luna

Tan perfecta y blanca.
Tan alta!
Tan lejana y blanca.


Lejos de la muerte,
y de la vida lejos.
Lejos de los llantos.
De las risas, lejos.
Tanto!

No sabe esta luna
cómo todo es triste.
Cómo es bello el mundo
y la misma muerte acaso,
acaso, es volver sin irse.

Sola arriba, sola.
Tan perfecta y blanca.
Tan alta!
Tan tejos de todo!

Nada arriba, nada.
Ella sola y nada.

(de "Tiempo y tiempo" ed. Asir, Montevideo, 1956)


jueves, 2 de febrero de 2017

Julio Herrera y Reissig



Meridiano durmiente

Frente a la soporífera canícula insensata,
la vieja sus remiendos monótonos frangolla;
y al son del gluglutante rezongo de la olla 
inspírase el ambiente de bucólica beata... 

 En el sobrio regazo de la cocina grata, 
su folletín la cándida maledicencia empolla, 
hasta que la merienda de hogaza y de cebolla 
abre un dulce paréntesis a la charla barata. 

 Afuera el aire es plomo... Casiopea y Melampo, 
turban sólo el narcótico gran silencio del campo. 
Ella, la muy maligna, finge torpes enredos, 

 como le habla al oído de divinos deslices... 
y así el tiempo resbala por sus almas felices, 
como un rosario fácil entre unos bellos dedos.


(de "Los éxtasis de la montaña" 1910)

viernes, 14 de agosto de 2015

Nancy Bacelo



esta es la historia cierta

un par de atriles que ya no usa nadie

la expectante congoja del recinto

y el ruido a nada que golpea el vidrio

(por un momento que nadie llore por las cosas

idas)

alguien que afine un poco su instrumento

la tensión de esa cuerda

el ruido sordo

martes, 5 de mayo de 2015

Esther de Cáceres



Cristal de amor

Cuando te veo
tan solo entre los hombres y los árboles
quiero olvidarme de este Amor en sombra
que sonríe y que arde
para cantarte y dibujar tu imagen
en el aire!

Y tengo que volver a esta penumbra
en que el amor me hace
arder y sonreír para mostrarte
en cristal solitario
tu imagen -otra vez quilla de barco
que rompe el mar y el aire!

Ay! lúcido racimo de uvas frescas
en mis manos trocado
en rojo y silencioso coral lento
como el verano!

Ya te roba tu vértigo
al cristal solitario;
vuelves a ser apasionada marcha
entre libros, y árboles, y llantos.

Yo me quedo mirándote: sólo eres
un gran viento que corre, quema y canta
amor en todo árbol
y en todos los rincones de mi alma.

Un gran viento que corre, quema y canta
y que en profundos mares del verano
desgaja, silencioso, mil corales!


Sara de Ibáñez



HORA CIEGA

Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraído verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.

Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
Río de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venía con máscara de uvas.

Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenías, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraído.

Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraíso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.

Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.

Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.

Y te cruzo despierto, fiero tunel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.


Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un río de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.




domingo, 8 de febrero de 2015

Alejandra Correa



V.

Repártanse lo poco

Arañen de él
lo que de él es arañable

y cierren
esos picos de pollo
que nadie quiere ver
el triste espectáculo

de un par de huerfanitos
parroquiales
llorando

(de "El grito"  Alción Editora, 2002)

miércoles, 12 de marzo de 2014

Concepción Silva Bélinzon



OJOS DE DIAMANTE




Quiero escribir palabras de estas noches
en difícil o claro indivisibles;
un puñal está alzado entre los coches
y hay bocas con espinas invisibles.

Acumulan tesoros los fantoches
y tremenda vergüenza de inservibles;
te contemplo tan Alto sin derroches
y todas mis consultas son posibles.

Qué hacer qué hacer enorme de la tierra;
se marchita el amor sin las palabras
y este silencio herido nos aterra.

Grandes resurrecciones sin olores:
túnel que es un infierno entre las cabras
y tropieza deshecho en tus temores.

domingo, 9 de marzo de 2014

Amanda Berenguer




COMUNICACIONES

Urge el pensamiento conectando
¿se siente? ¿alguien entre líneas?
¿errata? ¿paréntesis? ¿qué signo?
¿escuchan?
(La claridad del lenguaje
tiene apenas
la intensidad ambigua del poniente)
Estamos aquí, lanzados a la noche
terrestre, apretujados,
aquí, en la noche terrestre, aquí
en la noche terrestre.
De nuevo el hilo
el cable roto, el deslumbrante
cortocircuito.
¿No oyen? ¿No se oye?
Palabras mías, insensatas,
hechas de furor y de locura,
cuantiosa tesitura negra
a borbotones desbordándose
hacia dentro, hacia
el fondo
interpolado de rígidas luciérnagas.

Tiembla y destella, hace señales,
todas son huellas de la eternidad,
enumeradas y prolijas,
cuernos de caza, al mundo
aullidos de perros, está el desierto,
toques de peligro, inútilmente,
pasos cambiados, ¿dónde?
campanas para niebla, una piel fosforescente,
pedidos de auxilio, y envenenada,
sirenas de patrulleros, llamando,
gritos de alarma, solo, solo, solo,
bocinas de ambulancias, se hace tarde,
quiero saber si se hace tarde.

Un código de emergencia,
un vaso de agua, un hueso
para la inteligencia,
un alfabeto de clave radioactiva,
o telepática, o nuclear,
o una sustancia de amor
para esta extrema ubicación,
25 de abril de 1963, otoño,
en mi casa, hemisferio austral,
aparentemente a la deriva.

Selva Casal





EN MÍ ES DE NOCHE SIEMPRE


Qué tengo yo qué tengo
por qué no tiene fin ya mi delirio
y en mí es de noche siempre
el mar duerme yo no
cansados de girar duermen los astros
cuajada iba la noche de diamantes
bajo el inmenso ojo lunar
hasta dónde los mares primeros repican
tal el caos y el orden
el miedo de pronto aparece
ellos duermen yo estoy alerta
de continuo el mundo me requiere
no es sangre brasas es lo que por mí circula
cuando has nacido no hay dónde esconderse
nosotros convivimos con la nada
perdemos el recuerdo
los días son manzanos ardientes
fruto de una crucifixión
a la que no hemos asistido
cómo podemos seguir viviendo
para ti el holocausto
la sorpresa de ser
como una bengala velocísima desaparezco
hay cuerpos.

sábado, 8 de marzo de 2014

Circe Maia





II

Pequeños paraísos imperfectos
y aún así, aún así, paradisíacos
instantes frágiles.

Rodeado a ciertas horas por extrañas
perfecciones de corta duración, de imprevista
llegada, sorprendido
por un tono de luz inesperado
que alumbra el aire inmóvil.

(De los árboles sale olor de lluvia
un olor de humedad y de madera)

Suspendida en el aire
una hoja de sauce tiembla y gira.
Una tela de araña la sostiene.
La tela es invisible.
La hoja es como un signo
amarillo en el aire

y gira.

Marosa di Giorgio





Cuando nací había muchísimos higos. No puede ser, me dirán, si era invierno y hacía frío.

Sin embargo fue así; estaban en todos los árboles, áun los que no eran higueras, y en medio de las flores. Oscuros, celestes o rosados; algunos desde el origen, traían adherida una violeta o una mosca. O en el punto central entresacaban una perla (nunca la dieron del todo). O se desprendían girando como astros envueltos en anillos de colores, hasta que casi exánimes tornaban al lugar.

Se sentía un aroma a almíbar y azucenas.

Yo, en medio de mi primer lloro, pues era a los pocos minutos de nacer, dije a mi madre: Hay higos.

Y mi madre miró sonriendo a mi Rosa abuela, y le dijo: Mira lo que dice.

Y mi abuela se aproximó, demasiado, con los ojos bajos, la sonrisa fija, y una tremenda corona de higos negros, gruesos y atormentados.

martes, 4 de marzo de 2014

Idea Vilariño





YA NO

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

sábado, 1 de marzo de 2014

Ida Vitale






ACLIMATACIÓN

Primero te retraes,
te agostas,
pierdes alma en lo seco,
en lo que no comprendes,
intentas llegar al agua de la vida,
alumbrar una membrana mínima,
una hoja pequeña.
No soñar flores.
El aire te sofoca.
Sientes la arena
reinar en la mañana,
morir lo verde,
subir árido oro.

Pero, aún sin ella saberlo,
desde algún borde
una voz compadece, te moja
breve, dichosamente,
como cuando rozas
una rama de pino baja
ya concluida la lluvia.

De "Parvo Reino" 1984

jueves, 20 de febrero de 2014

Jules Laforgue




CISTERNA SECA

Cobarde vi cómo el Arte partía, mi último dios;
ya no me estrecha lo Bello con su inmortal delirio,
siento que he perdido, pues con Él echó a volar
el éxtasis que aplaca a veces los viejos deseos.
Treinta siglos de hastío pesan en mi espalda
y concentran sobre mí su llanto y su culpa.
Nuestras manos olvidaron el trabajo que consuela.
No hay día en que no piense, miedoso, en la muerte.
Sordo a la ilusión de las multitudes,
me arrastro abatido hacia parajes lejanos,
todo acabó para mí, nada más espero.
¡Pero lates aún, deshecho corazón pobre!
¡Ah, si como antaño al menos lograra
el llorar que tanto bien hace a los niños!

Jules Laforgue




RESIGNACIÓN

Como necio parásito de un planeta oscuro,
en la infinidad sonora de clamores eternos,
aquí, lugar cualquiera, he nacido y vivo,
y sólo es mi deseo que se sepa y se detenga todo.
Que por un grito perdido en la tormenta
los océanos callen de pronto el aullido de sus olas,
que por traer flores a mi tumbra
los soles en masa dejen su Verbena.
¡Pobre corazón ingenuo! Rómpete, no eres nada.
Muchos otros murieron con ansias iguales
y la tierra siguió en su silencio.
Todo es duro, descorazonado, superior a ti.
Sufre, ama, espera siempre y baila
sin nunca exigir ese Porqué universal.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Delmira Agustini




BOCA A BOCA

Copa de vino donde quiero y sueño
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra Ensueño
fuertes semillas de melancolía.

Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!

Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa...

Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.

Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente...

Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.

Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.

Inaccesible... Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!

martes, 18 de febrero de 2014

Susana Soca



ESTATUAS

"Jardín de Bourges"



Al principio soñé que soñaría con algún ángel.

Tarde, los sueños de los jóvenes vivos fueron mis sueños.

Y bruscamente me abandonaron.



Luego soñé con los sueños salidos de las bocas de

piedra de las estatuas. Las góticas criaturas siempre

de pie en las estrechas casas de sus pórticos. Talladas

por las manos que no mueren. Nombre de amor seguro

para las manos que no tienen nombre.



El alto objeto de sus sonrisas persigo en ellas.





Púdicas reinas de trenzas como la trama de sus claros

años. Y en hueco de piedra reconocemos los raros

hechos que las tapicerías nos enseñan.



Doncellas de la ley. Orden y señorío de la Escritura.

Y las de fría llama ya para siempre ardientes bajo los

techos ojivales de sus abiertas casas.



En sus bocas el fuego, como en el aire los pliegues

de sus mantos por mil años detenido.



Y las otras apenas como estatuas de estatuas.



En otro tiempo la Dama bajó de Chartres para dejar

su retrato. Las otras la acompañan junto a la sacristía.

En un boscaje oscuro que recoge el polvo de los

altares abandonados.



Sobre una vieja tierra, como olvidadas. Entre laureles

húmedos, la lluvia detenida por el más largo otoño.



Y entre soldados en bicicleta los grandes hongos redon-

dos inclinados por la niebla, las cabezas cubiertas de

enlutadas señoras. Desde el principio quietamente

juntas. Llenas de pausas como la lluvia.



Y las otras apenas como estatuas de estatuas.



Sobre una vieja tierra. Hechas para estar de pie yacen-

tes, dóciles. Con sus sonrisas que nunca duermen. Sobre una

vieja tierra entre dos lluvias.



Bajo la frente cuando me pierdo. Vuelvo a buscar en

ellas el alto objeto de sus sonrisas siempre encendidas.