Mostrando entradas con la etiqueta Martinica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martinica. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2015

Trinidad Portlumière

Paul Gauguin "Paisaje de Martinica" 1887


Jamás

Jamás había sentido tan crecido el cielo
tanto mar invisible
que esa noche
de espejismos entrelazados
de luces devoradas
por los peces de nuestras bocas
de senos caídos sobre el lecho
como dos gotas sumergidas
como dos brazos blancos
que no tocaran la oscuridad del agua.
Jamás, amor.
 

viernes, 4 de abril de 2014

Nicole Cage-Florentiny




CANCIÓN DE AGUA

Canción de agua
Que salta entre las rocas
Del río del tiempo.
Canción de agua
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche de las vacas
Corría a mares
En las mañanas de la ternura:
¡La infancia!
La infancia, que sabe a leche de vaca,
A nueces de anacardo y a mango canistel.
La infancia al borde de la fuente
Y el ciruelo de citera ofrecía al viento su densa
          corona de oro.


Canción de agua:
La infancia salta en el desvío de un camino
Que es difícil de alcanzar,
Y dejar allí los ríos joviales
Que cantan canciones del tiempo antiguo,
Antaño,
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche corría a mares
En la jícara de los días.



martes, 18 de febrero de 2014

Aimé Césaire




ELEGÍA

El hibisco no más que un ojo reventado
de donde pende el hilo de una larga mirada, las trompetas de esparavanes
el gran sable negro de los flamboyanes, el crepúsculo llavero siempre tintineante
las arecas indolentes soles que jamás se pusieron por traspasadas por un alfiler que las tierras que se saltan la tapa de los sesos
no dudan nunca en incrustarse
hasta el corazón, los fantasmas horrorosos, Orion
la extática mariposa que los pólenes mágicos
crucificaron sobre la puerta de las noches cimbreantes
los bellos tirabuzones negros de las cañafístulas mulatas
altaneras cuyo cuello tiembla levemente bajo la guillotina

y no te sorprendas si en la noche gimo más hondamente o si mis manos estrangulan más sordamente es el tropel de viejas penas que hacia mi olor negro y rojo en escolopendra
alarga la cabeza y con una insistencia en el hocico aún blanda y desmañada busca más dentro mi corazón de nada me sirve entonces apretarle contra el tuyo y perderme en la espesura de tus brazos que acaba por encontrarlo y muy gravemente de manera siempre nueva
lo lame amorosamente
hasta que brota salvaje la primera sangre
bajo las bruscas garras desplegadas del
DESASTRE