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lunes, 4 de abril de 2016

Rocío González



El Animal

En el extremo ardor yo soy el animal
herido por la flecha sagrada
y él lame mi sangre en un festín
impúdico y vehemente. No hay combate.
Soy su presa y me ofrezco:
en su hambre está mi plenitud
(este hecho simple lo tambalea)
mi cuerpo, en su violenta floración
no duda, y él entiende. Cuando acepta
mi carne y se sacia, lo sabemos.
Cada uno ofrece su nombre.
el amor es un conocimiento anómalo.



(Como si fuera la primera vez, 
Ediciones sin nombre,2006)


viernes, 14 de noviembre de 2014

Lina Zerón



Para negar tu amor

Para negarte tendría que cortarme las manos,
pudrirme dulcemente por el sexo…
Sabes cómo odio negarte.
Y odio esta sensación de estar atada a tu cuerpo.
La lluvia de mis ojos es ácida
si tú no la provocas.

Para negarte tendría que matar mis sueños,
apagar la luz casi desnuda de mis párpados
y arrancar tus arlequines miembros
dibujados con magia, con movimientos de lluvia.

Si no estás tú
grito en el teléfono,
te nombro, alaridos doy.
Odio esta orfandad que se apodera de mis sábanas.

(De "La spirale du feu" 1999
Ed. L’Harmattan, París)



viernes, 19 de septiembre de 2014

Gabriel Zaid


Elogio de lo mismo


¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo.
Llegar a lo mismo.

¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.

¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.

Rubén Bonifaz Nuño




PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.
 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Maricela Guerrero




Acumulación

Un poema es una acumulación que se distiende:
costal de gatos refulgentes en las bóvedas del tiempo: prisa y nebulosas:
días repletos de cestos de fruta
y de cestos con cáscaras y semillas.

Días colmados de prisa y nebulosas, hijo.



domingo, 23 de marzo de 2014

Dolores Castro





CÓMO ARDEN, arden
mientras van a morir empavesadas
las palabras.
Leñosas o verdes palabras.

Bajo su toca negra se enjaezan
con los mil tonos de la lumbre.

Y yo las lanzo a su destino;
en su rescoldo brillen.



Nunca Ceniza
¡Nunca será ceniza!
¡Fuego! ¡Fuego!
Impalpable coto de caza,
mundo de nuestros límites,
Inmenso.

Mundo con atadura de seda
y cerradura
con amoroso cerco de púas.

Mundo de nuestros límites:
hacia la media miel
la punzadura,
hacia la música el estruendo.

El paso llano
y a medio pie
el abismo.

¡Fuego, fuego!
¡Nunca será ceniza nuestro anhelo!



Intelectuales S.A.
Mientras tú trabajas,
yo pienso por ti.

Y si tú sufres,
yo sufro por ti.

Y si tú no comes,
yo ya comí.

Y si te matan


Yo no morí.

 

viernes, 21 de marzo de 2014

Fayad Jamís




CONTÉMPLALA: ES MUY BELLA

Contémplala: es muy bella, su risa golpea
la costa,
toda de iras y espumas. Pero no intentes
decirle lo que piensas. Ella está en otro mundo
(tú no eres más que un extranjero de sus ojos,
de su edad)
Dile, en todo caso, que te gustan sardinas fritas,
sobre todo una tarde en que llueve un inolvidable
vino blanco. Háblale del hermoso fuego
de tu patria.

Ella es clara y oscura como la lluvia
en que reina
su ciudad. Sus ojos se detienen en un punto
movedizo
entre la estación del amor y un tiempo
imprevisible.
Claro que a veces olvidas (por un instante,
es cierto)
tu oficio de notario, y, como ser humano al fin,
te pones a hablar líricamente de política.

Lo mejor
que puedes hacer es convencerte de que la poesía
te completa,
comprobar que has cruzado el lindero del horror
y la angustia,
escribir que una tarde recorriste
la bella ciudad empedrada
para encontrar lo que no podía ser el amor
sino el poco de sueño
que recuerda un gran sueño.

sábado, 15 de marzo de 2014

Sor Juana Inés de la Cruz




DE AMOR, PUESTO ANTES EN SUJETO INDIGNO, ES ENMIENDA BLASONAR DEL ARREPENTIMIENTO


Cuando mi error y tu vileza veo,
contemplo, Silvio, de mi amor errado,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza de un deseo.

A mi misma memoria apenas creo
que pudiese caber en mi cuidado
la última línea de lo despreciado,
el término final de un mal empleo.

Yo bien quisiera, cuando llego a verte,
viendo mi infame amor poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte

que sólo me remedia en publicarlo;
porque del gran delito de quererte
sólo es bastante pena confesarlo.

viernes, 14 de marzo de 2014

Gloria Gervitz





SHAJARIT (fragmentos)


En las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos
de aves picudas
y se pudren las manzanas antes del desastre
Ahí donde las mujeres se palpan los senos y se tocan el sexo
en el sudor de los polvos de arroz y de la hora del té
Flujo de enredaderas a través de lo que siempre es lo mismo
Ciudades atravesadas por el pensamiento
Miércoles de ceniza. La vieja nana nos mira desde un haz de
luz
Respiran estanques de sombras, llueve morados casi rojos
El calor abre sus fauces
Abajo, la luna se hunde en la calle
y una voz de negra, de negra triste, canta. Y crece
Incienso de gladiolos, barcas
Y tus dedos como moluscos tibios se pierden adentro de mí
Estamos en la fragilidad de la corteza del otoño
En el parque rectangular
en la canícula, cuando los colores claros son los más
conmovedores
Después de Shajarit
olvidadas plegarias, ásperas
Nacen vientos levemente aclarados por la oración, bosques de
pirules
Y mi abuela tocaba siempre la misma sonata
Una niña toma una nieve en la esquina de una calle soleada
Un hombre lee un periódico mientras espera el camión
Se fractura la luz
Y la ropa está tendida al sol. Impenetrable la sonata de la abuela
Tú dijiste que era el verano. Oh música
Y la invasión de las albas y la invasión de los verdes
Abajo, gritos de niños que juegan, vendedores de nueces
Respiración de rosas amarillas. Y mi abuela me dijo a la
salida del cine
sueña que es hermoso el sueño de la vida, muchacha
Bajo el sauce inmerso en el verano sola la impaciencia demora

.......................................................

Este día no lo conozco, pero estoy agarrada de mis otros días
Podría vivir aquí siempre
Pero todo se acaba, hasta la costumbre
pequeños momentos saturados que se distienden
se alcanzan en la disolución
Mientras siga aquí encerrada en este cuarto, en esta ciudad
Mientras siga lloviendo y el ruido de la lluvia atraviese las
paredes que me contienen
Mientras todavía pueda sentir que siento
y el hambre me haga ponerme un abrigo y una bufanda sobre
el camisón
y salir a la calle
Pero, por qué creer todo esto
Al otro lado del mar a través de los encajes florean todo el año
geranios
Y los grandes baúles pesados de aromas resinosos y cálidos
se derraman en habitaciones desconocidas
Y los ungüentos, los jabones de avena y de leche de cabra
los polvos de trigo, las pastas de dientes con sabor a chicle
y aquellos enjuagues para desenredar el cabello en días largos
Persianas requemadas del sol verde de Cuernavaca
una niña púber se mira el sexo en el ardor de mediodía
espeso de insectos y lagartijas
La mayor parte del tiempo duermo. No estoy segura si
dormir es estar despierta
Me sorprendo después del mediodía, las manos me estorban,
no sé dónde ponerlas
Lenta la lluvia casi se detiene
todo se detiene, me aprieta, pero llueve
Se abren ventanas
Abajo, médanos
y más abajo parten los navíos como una exhalación
hacia las muchachas de los frescos del palacio de Cnossos
muchachas de agua y cal
La piel se desata, atrás, un sol de polvo, más adentro, pájaros
Nunca llegamos más que a nosotros mismo
Pero todo el año allá en la memoria florecen los geranios
 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Jaime Sabines




LENTO, AMARGO ANIMAL...


Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.


Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
--maldita y arruinada soledad
sin uno mismo--
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
--mi piel como mi lengua--
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto --nada hay detrás--,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.


(de "Horal", 1950)
)

domingo, 9 de marzo de 2014

Jeannette L. Clariond





MINA 1004

Arder, yo vi a mi abuela arder.
Agosto. Chihuahua, 1963. Ella ardió,
su fuera y su dentro, ardió en la calle Mina 1004.
Vi a mi padre envolverla en una sábana, el colchón ardía;
las cortinas, la alfombra, su vestido
ennegrecieron. Todo lo recogió.
“No hagan ruido, su madre está cansada”.
Lo vi de luto esa tarde de agosto con su corbata negra.
La recogió. Ceniza y llanto recogió.

El humo de la abuela en el zaguán, las tías
sorbiendo, ásperos, los grumos del café.
Había que borrar lo oscuro que dolía,
disolver la sal, el llanto, abrazarse,
sofocar el temblor del viaje, escuchar
a Paul Anka, por ejemplo, a falta de pulso
rayar el disco de 45 revoluciones por minuto.

Por instantes vivía, por instantes
todo fue púrpura: la mujer, el
cansancio, las frondas de los álamos. Después
el vidrio, el vidrio en el cedro,
el rostro quemado bajo el humo.

También mi madre ardió. En lágrimas su sonrisa apagada:
“Arréglame el pelo, me dijo, déjame salir
a ver si ya está seca la ropa”.

Tuve miedo. De que sus pasos lentos no volvieran, de la
tersura de la hoja, del sigiloso carcomer,
del reseco peso de la hiedra, ya sin muro, del
florero en la cocina, sin flores. De ese cuarto ciego con su
muerte tuve miedo.
De mí misma y el filtrarse del viento
que se llevaba el polvo de los sicomoros.

viernes, 7 de marzo de 2014

Nellie Campobello





YO

Dicen que soy

brusca

Que no sé

lo que digo

Porque vine

de allá

Ellos dicen

que de la montaña

oscura

Yo sé que vine

de una claridad

Brusca

porque miro

de frente

Brusca

porque soy

fuerte

Que soy

montaraz

Cuántas cosas

Dicen

Porque vine

de allá

de un rincón

oscuro de la

montaña

Mas yo sé que

vine de una

Claridad.

María Sabina





LOS CANTOS

Soy mujer que mira hacia adentro
Soy mujer luz del día
Soy mujer luna
Soy mujer estrella de la mañana
Soy mujer estrella dios
Soy la mujer constelación guarache
Soy la mujer constelación bastón
Porque podemos subir al cielo
Porque soy la mujer pura
Soy la mujer del bien
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte

Soy una mujer sin sangre
El pájaro me roba la sangre
El libro abierto me roba la sangre
El agua me roba la sangre
El aire me roba la sangre
La flor me roba la sangre

Me conocen los santos del cielo y los ángeles
Dios me conoce
El corazón de la Santísima Madre de Cristo
El corazón de Nuestro Señor Jesucristo

Soy una mujer que llora
Soy una mujer que escupe
Soy una mujer que ya no da leche
Soy una mujer que habla
Soy una mujer que grita
Soy una mujer que da la vida
Soy una mujer que ya no pare
Soy una mujer que flota sobre las aguas
Soy una mujer que vuela por los aires

Soy una mujer que ve en la tiniebla
Soy una mujer que palpa la gota de rocio posada sobre la yerba
Soy una mujer hecha de polvo y vino aguado

Soy una mujer que sueña mientras la atropella el hombre
Soy una mujer que siempre vuelve a ser atropellada
Soy una mujer que no tiene fuerza para levantar una aguja
Soy una mujer condenada a muerte

Soy una mujer de inclinaciones sencillas
Soy una mujer que cría víboras y gorriones en el escote
Soy una mujer que cría salamandras y helechos en el sobaco
Soy una mujer que cría musgo en el pecho y en el vientre
Soy una mujer a la que nadie besó jamás con entusiasmo
Soy una mujer que esconde pistolas y rifles en las arrugas de la nuca

Soy mujer que hace tronar
Soy mujer que hace soñar
Soy mujer araría, mujer chuparrosa
Soy mujer águila, mujer águila dueña
Soy mujer que gira porque soy mujer remolino
Soy mujer de un lugar encantado, sagrado
Porque soy mujer aerolito

María Baranda





(¿QUÉ COMIENZA Y DA FIN CUANDO ELLA MIRA UN PRECIPICIO AZUL DE TINTA?)


Y habiendo estado tras las rejas
de las albas sometida, cavara
ahora entre tus carnes
las rodajas, el vértice mordaz
arremangada, abriendo
el paraíso en tus partículas
bajo la lluvia casta de las aguas.
Hembra de qué playa te buscara
en tus navíos y en trenes
recorriera aquel fulgor
bajo la niebla, pesada
y conyugal sobre tu cuerpo
acariciando hambrienta
en la lujuria de este sol
que jubiloso
me hace recibir de pronto
tanta gracia.

Dana Gelinas





CIUDAD DE CAL



Yo nací bajo un cielo de cal,

donde la sombra era cada vez más

luna menguante

y la noche sitiaba su propio espejismo.

Ese lugar no era

lo que se dice un vergel

y sin embargo mi abuela y mi madre

—cuando madre y niña—

alcanzaron los racimos maduros

de tanto tiempo que esperaron

bajo el portal.

Ante mí, en cambio,

un día se abrió el suelo de la casa.



Allí brotaron,

uno por uno,

los males que no alcancé a nombrar a tiempo,

en el pecho esa prisa maldita,

un dolor de piedra en la espalda,

un infinito miedo a lo finito

como una sombra que va siempre adelante

y una voz que cortaba, tan amarga,

lo que antes era mi alimento.

Por eso escondo ese pueblo

y oculto su paz de polvo.

Ahora, que en esta rabia recomienzo una cosecha,

vuelven a mí las sombras prolongadas del desierto

y en sueños se desgrana un racimo ácido de insomnio

y un constante porqué, como en sordina.

Nahui Olin (María del Carmen Mondragón Valseca)




1.

Sé que mi belleza es superior a todas las bellezas que tú pudieras encontrar. Tus sentimientos de esteta los arrastró la belleza de mi cuerpo, el esplendor de mis ojos, la cadencia de mi ritmo al andar, el oro de mi cabellera, la furia de mi sexo, y ninguna otra belleza podría alejarte de mí.

2.

Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme;
hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.
Los gusanos no me darán fin -son los grotescos destructivos
de materias sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido
del último despojo de mi renovación-
Y la madre tierra me parirá y naceré de nuevo,
de nuevo ya para no morir...

Xavier Villaurrutia





NOCTURNO DE LA ESTATUA

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las flechas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: «estoy muerta de sueño»

lunes, 3 de marzo de 2014

Fabio Morábito






EN LA PLAYA 


El viento, más

que yo,

se fuma este cigarro

entre mis dedos,

dejándome el placer

de sólo tres o cuatro bocanadas,

y el mar expropia las palabras

que te digo,

porque, acostada, no me oyes.

El sol, el viento y la marea

te ensordecen

y cuando me levanto

para dar dos pasos,

viendo mis huellas que se imprimen

en la arena,

pienso que esas pisadas mienten,

que ya no piso así desde hace no sé cuándo;

son huellas de otro

que sobrevive en mis pisadas, pues las mías

son mucho menos elocuentes.

Tú, en cambio, que me ves

completo e indivisible,

sabes mejor que nadie cómo soy mortal,

cómo mis huellas en la arena me describen

y cómo se plasma en ellas lo que soy,

sabes mejor que nadie cómo no escucharme.