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viernes, 22 de mayo de 2015

Francisco Tobar García



LAS MONTAÑAS AZULES

Aquí he llegado,
a la edad en que el hombre se detiene;
la cumbre entre la niebla es desafío
y debiera rendirme.
¡Cansancio de buscar irrazonablemente tanto
sin saber qué buscamos! Pero he aceptado el tiempo;
los árboles son sombras y las hojas
orecidas resbalan en la estación propicia.
A mi redor hay muerte, pero siento
que en mi espíritu nacen las primeras palabras,
las que nunca dijera porque ansiaba el olvido,
el camino más fácil.

Pocas fuerzas me quedan
la víspera del viaje a las montañas
que el azul más oscuro protegiera;
mas si ella está conmigo,
mejor dicho tan dentro, ¿cabe duda?
¡Entrambos hallaremos el sendero
pocas veces hollado pues la pereza nos retiene!

Elena dice entonces: “eres
el poeta desnudo que camina
con certeza plena de llegar a ser canto;
no cubrirá tu cuerpo losa alguna.
Tú morirás en mí, como has nacido”.

Las montañas azules,
en la profunda oscuridad, me llaman.
Si me soñaste,
y soñaba yo en ti desde la infancia,
lanzo al viento esta dicha inquebrantable:
porque somos mortales, merecemos el triunfo:
mañana serán nuestras la soledad, la altura.


(de "La luz labrada" 1996)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Pablo Palacio







AS DE CORAZONES YO Y MIS RECUERDOS






Solo como una moneda de mendigo.

Aporreado por

la vida y con ‘qué importa’ sobre los hombros.

No fue esa la mujer que debió llenar mi

(alma; era

tan cobarde como una hoja de oro; ni fue

(la otra, que

enmudecía y se ponía pálida; ni fue la

(tercera, que me

amó antes de que yo la amara; ni fue la

(cuarta de todo

el alto de una mujerzuela.

Debo esperar el tiempo de las frutas

(maduras para

gozar del sol dorado de los siervos, tendido

(a lo largo de

mi vida con este frío voluminoso en las

(mucosas y estas

corazonadas retumbantes y esta llenura del

(cerebro que

ocupará mi anhelo definitivamente.

Pero talvez ya nada queda en ningún rincón

(del

mundo y voy a estar por toda una eternidad

(tendido

en el andamiaje de mi esperanza, tendido

(como un muerto.

As de corazones

yo y mis recuerdos.

Pero qué es eso de los recuerdos si ya no

(me hacen

poner alegre ni triste, ni me importan esas

(arrugadas

caricias porque no soy un tratante de viejo?

NADA te debo, madre: no sé de qué color

(fueron

tus ojos, ni sé si fueron suaves las palmas

(de tus manos,

ni si tus besos fueron dulces.

Yo solo

tendido como un muerto.

domingo, 23 de marzo de 2014

César Dávila Andrade




CANCIÓN A LA BELLA DISTANTE



No era mi poesía. Mis poemas no eran.
Eras tú solamente, perfecta como un surco abierto por palomas.
Eras tú solamente como un hoyo de lirios
o como una manzana que se abriera el corpiño.
Eras tú, ¡oh distante presencia del olvido!

Clara como la boca del cristal en el agua,
tierna como las nubes que atraviesan el trigo por los lados de mayo.

Dulce como los ojos dorados de la abeja;
nerviosa como el viaje primero de la alondra.

Eras tú y tenías delgadas de esperanza
las manos que me huyeron.
En tu sien, extraviadas, bullían las sortijas.
En tus perfectos ojos abril amanecía.

Estoy tan impregnado de tu voz siempreviva
que hasta esta inmensa noche parece que sonríe
y percibo el borde líquido de tu alma.

Andabas como andan en el árbol los astros.
Rezabas en silencio como una margarita.

¡Oh quién te viera abriendo esos libros que amabas
con el alma inclinada a la luz de las fábulas!
Qué viñeta de rosas tenían tus mejillas
cuando abrías los labios de amor de las palabras.
Y qué resplandeciente ciudad de serafines
descubrías, de pronto, en el cielo de estío.

Quiero besarte íntegra como luna en el agua.

Mañana en los delgados calendarios de ausencia
te encontraré buscando una pedrezuela tierna
para marcar una hora lejana que aún espero.
Recuerdo aquella tarde cuando quise besarte.
Tenían los cristales un fondo de mimosas
y la antigua ventana mecía los jardines.
Las llamas de los árboles se tornaban oscuras
y un ángel de eucalipto se apoyaba en el muro.

Escuchamos de pronto la carreta profunda
que atraviesa los prados con su carga de junio.
¡Pienso en aquella tarde y me encuentro más solo!
Las casas recogían la luz del occidente,
los caminos bajaban como arroyos en llamas,
la brisa estaba fija en el borde del álamo.
Pienso en aquella tarde y no sé por qué lloro.