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domingo, 23 de marzo de 2014

Rosario Ferré




HAS PERDIDO, ME DICEN, LA CORDURA

Has perdido, me dicen, la cordura
óyeme bien
cuando vas por la calle
todos apuntan con el dedo a tu cabeza ladeada
como si te la quisieran tumbar
solo apretar gatillo y plaf!
la frente se te hunde como una lata de cerveza

no saludes a nadie
no te peines, no brilles tus zapatos
cruza la calle de tu propio brazo
date la mano, ciérrate el cuello
mantente atento

ahí va el loco, dicen

tú pasas bamboleando la cabeza polvorienta
como un santo de madera sacado en procesión
los pies clavados a la tarima carcomida
mirando más allá
no dejes que tu carne florezca
déjate apedrear

has perdido
escucha bien

amárrate fuerte al mástil
átate a la polar
no desgonces ahora los tablones antiguos
no alces los remos de sus pivotes
clava a la estrella tu mejor ojo
mantente fiel
no pestañees sino de hora en hora
duerme tranquilo sobre tus puños
no tengas miedo de recordar
cierra tus dientes cristalcortantes
jaula tu lengua
no tragues más

has perdido la cordura, amigo, ya es ahora
corta la cuerda
súbete al viento
endura tu corazón.

(De 'Papeles de Pandora')

jueves, 13 de marzo de 2014

Diana Ramírez de Arellano




HAY UN POEMA SOLO

Como cortezas vivas, los sintagmas
o magma o savia o plasma
o como linfa niña piel del agua
las partes amorosas se separan.
Igual que carne y uña violadas
como corteza viva, la palabra.
La muerte como verso;
no muerte como sueño.
Tu y yo recreando un nuevo ritmo:
la muerte como un hijo.
Lo supo bien el Cid –los ojos manan.
Ojos quieren tañer sus dos campanas
doblemente partidas.
La muerte como hijas.
Pero a la sangre nunca se le ordena;
no confunde su huella, habita en ella.
La sangre nunca olvida la razón,
la última versión
lúcida con que espesa
el sello de la espera.
En su imagen total
el duro verso, ya
en trance de semilla
su códice transmite a la otra orilla.
El duro esfuerzo recompone el vaso
siempre del mismo barro
edénico y sencillo.
La muerte es como niña o como niño.
El mundo se transforma
tras cada luna rota.
Hiato en el Poema,
la muerte es la promesa,
recurso separable, nacimiento
que ensancha el universo
la pausa inescapable que obediente
–sagrada es la medida de la muerte–
divide en apariencia;
elige, urge, anuncia otra evidencia,
transforma, capta, abre ritmo desconocido
libre ya del delito y del castigo
a la Palabra del principio vuelves
conjugándose aquí humildemente
el Verbo para ti se vuelve Canto
ah pero, Anita, el llanto,
el llanto es para todos.
Hay un poema solo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Julia de Burgos





DADME MI NÚMERO



¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?
¿Me han olvidado entre las yerbas,
mis camaradas más sencillos,
todos los muertos de la tierra?

¿Por qué no suenan sus campanas?
Ya para el salto estoy dispuesta.
¿Acaso quieren más cadáveres
de sueños muertos de inocencia?

¿Acaso quieren más escombros
de más goteadas primaveras,
más ojos secos en las nubes,
más rostro herido en las tormentas?

¿Quieren el féretro del viento
agazapado entre mis greñas?
¿Quieren el ansia del arroyo,
muerta en mi muerte de poeta?

¿Quieren el sol desmantelado,
ya consumido en mis arterias?
¿Quieren la sombra de mi sombra,
donde no quede ni una estrella?

Casi no puedo con el mundo
que azota entero mi conciencia?

¡Dádme mi número! No quiero
que hasta el amor se me desprenda?
(Unido sueño que me sigue
como a mis pasos va la huella.)

¡Dádme mi número, porque si no,
me moriré después de muerta!