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martes, 1 de abril de 2014

William Butler Yeats





LA MUERTE

Ni miedo ni esperanza
acompañan al animal que muere;
el hombre aguarda su final
temiendo y esperando todo;
muchas veces murió,
muchas se levantó de nuevo.
Un gran hombre con su orgullo
al enfrentar asesinos
hunde en el escarnio
la cesación del aliento.
Él conoce la muerte a fondo
el hombre creó la muerte.

domingo, 23 de marzo de 2014

Rita Ann Higgins





LA VISIONARIA

La mujer en la tienda de caramelos
se está convirtiendo en su madre.
Tan sólo la semana pasada
era joven
cuando charlar de bodas
y empapelados y heladeras nuevas
y un pequeño departamento en la ciudad era la charla toda.

Luego sólo Dios sabe por qué
él tomó un micro que nunca se detuvo
y ella fue abandonada
con la vergüenza del empapelado
de no tener ningún fruto en su vientre
a quien pudiera comprarle
zoquetes blancos.

El cansancio de su madre
creció en ella
su manera de ser
su gracias a Dios.

Cuando hizo cuentas
usó las gafas de su madre.
Bromeó al respecto
"cuál es la diferencia
acaso no tenemos yo y mamá
la misma vista de todas formas
acaso las dos no vemos bien de lejos.

Kerry Hardie





CANCIÓN

Aquí llega Invierno, grita su poder y su gloria,
se burla de la carne, elige huesos para su ramos de bodas.

Huesos, y el viejo sonido de campana de ciervo, Hambre,
deambulan por las colinas. Invierno

que mengua la luz y espesa la oscuridad
y detiene el sonido del agua que corre. Invierno

roto únicamentey una y otra vez
por la mancha oscura, Semilla, hospedada en su corazón.

(Traducción: Leonor Silvestri
Irlandesas, 14 poetas contemporáneas, Bajo la Luna, 2011)


sábado, 22 de marzo de 2014

Moya Cannon





EL TREN

El terraplén del ferrocarril a nuestra izquierda
traza una línea verde a través del pedregal y el brezo grisáceo.
Una vía fantasma transporta un tren fantasma
al oeste desde Letterkenny a Burtonport.
En uno de los asientos de tablillas de madera se sienta
una muchacha seria de catorce años, de Tyrone,
fino, lacio pelo rojo.
El tren resopla con un sonido metálico sobre nuestras cabezas
a través de las torres de alta tensión hechas de piedra
que flanquean la parte más estrecha del camino.
La muchacha viaja para estudiar en Ranafast
en mil novecientos veintinueve.
El tren de vapor de trocha angosta avanza tan despacio
que ella puede sacar un brazo
y arrancar las hojas de los pocos árboles del costado.
Su amiga sostiene su sombrero fuera de la ventanilla
y lo hace girar y girar, con la mente en blanco,
hasta que rueda y aterriza en el pedregal.
Mi madre no sabe que esa línea del ferrocarril fue construida
por varones que creían que el tren había sido vaticinado
en las profecías de Colmcille
como un cerdo negro resoplando a través del vacío.
Ella no puede profetizar, por eso no sabe
que su padre morirá en tres años,
o que conocerá a su esposo
y pasará su vida adulta
al oeste de estas redondas colinas de granito,
o que, en setenta y cinco años,
una de sus hijas la llevará en coche
bajo ese puente que ya no existe
fuera de Donegal
por última vez.
Todo lo que sabe es que está yendo a Ranafast
y que el tren avanza muy despacio.

(Traducción de Leonor Silvestri, en Irlandesas. 14 poetas contemporáneas, Ed. Bajo la luna, Buenas Aires, 2011.)