sábado, 15 de noviembre de 2014
Teresa Wilms Montt
Llega todas las noches a mi alcoba.
Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla, y su mirada y su voz son tan hondas como el silencio de los sepultados.
Está muy lejos, y está conmigo, piensa en mi cerebro y llora en mis lágrimas.
Cuando procedo mal, Anuarí castiga mis huesos, atravesándolos del hielo de una carcajada sin dientes.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Graciela De Sola
EL ROSTRO
Henos aquí, quemándonos despacio
entre gajos y flores cenicientas,
ciegos, desposeídos, colmados,
tal vez lúcidos,
ebrios de nuestros cuerpos
tejiendo un falso puente de ternura
sobre el azul atroz, infatigable.
Sabiendo que este velo de ramos y de nubes
la estrella que adoramos
y el manto que nos cubre como el ala del sueño
y la piedra que aguarda nuestro nombre, y el pan
entre cálidos lienzos, como un niño,
y el animal que acerca en su mirada
aconteceres bárbaros, remotos,
son sólo las figuras desvaídas, mortales
que esconden a unos ojos de agua y humo
el rostro que supimos y olvidamos.
(De "El rostro" 1961)
Aurora Venturini
Y entonces preguntaba yo, impaciente,
adónde estabas tú mientras nombrabas,
era mi turno, pero me salteabas.
Me habrás borrado acaso de tu frente.
Pero yo quiero ir hasta la alcoba
en la que recostado tu suspiras,
en medio del gran bosque, donde miras
aullar el lirio, sonreír la loba.
Y hace tanto que aguardo, que están viejos
este laúd del incesante canto,
éstas mis pobres manos y el encanto
de tus estampas, que ya quedan lejos.
Duelen los labios de preguntas graves,
duelen los ojos de no ver, cansados,
hay un dolor de nervios fatigados
sobre tus silogismos y tus claves.
Una sola palabra que no invente
mi propia voz es cuanto necesito:
arrullo, tempestad, violencia, grito.
Me habrás borrado acaso de tu frente.
(De "Lamentación mayor" 1954)
Lina Zerón
Para negar tu amor
Para negarte tendría que cortarme las manos,
pudrirme dulcemente por el sexo…
Sabes cómo odio negarte.
Y odio esta sensación de estar atada a tu cuerpo.
La lluvia de mis ojos es ácida
si tú no la provocas.
Para negarte tendría que matar mis sueños,
apagar la luz casi desnuda de mis párpados
y arrancar tus arlequines miembros
dibujados con magia, con movimientos de lluvia.
Si no estás tú
grito en el teléfono,
te nombro, alaridos doy.
Odio esta orfandad que se apodera de mis sábanas.
(De "La spirale du feu" 1999
Ed. L’Harmattan, París)
Julia Prilutzky Farny
En el agua empozada te apareces.
Tu imagen se empecina
y el viento la sacude sin borrarla
y el rumor de las hojas
vuelve a clamar tu nombre,
mientras tu rostro surge como máscara
sobre todos los rostros de la tierra
y tu caricia brota en toda mano.
Perfiles desgarrados
en el agua tiritan:
¿cómo llamarte ahora, con qué nombre
-muerto de toda muerte,
sonrisa desterrada,
inviolado temblor que se desliza-,
si ya no queda nada más que arena?
Y nada más que cielo
sobre el dormido estanque
donde voy rastreando
qué queda de tu vida. Y de la mía.
¿Cómo clamar tu réplica perdida,
tu lapidado corazón en llamas,
tu aventada ceniza,
tu amor que no fue entero ni entregado,
la no ardida pasión, no devorada,
la piel que ya no existe,
el detenido impulso de la sangre
y la petrificada melodía
de tu voz sin matices?
(De "Este sabor de lágrimas" 1954)
María Adela Agudo
POEMA PARA TU VOZ
Entre el alba y los ceibos
amo tu voz interminable,
resalada, resinosa, de elemental aroma.
En tu joven garganta llena de astros,
llena de alegre trébol,
beso tu voz perfecta
que me llena la piel de ingenuas malvas,
de pichoncillos, de mosquetas
Tu voz, espacio donde crece
el trigo azul para mi verso
y el azul algodón de mis silencios;
tu voz con dos eternidades:
eternidad de frutas y de flor del aire;
tu voz que calla soledades
para nombrar aldeas y mujeres y garzas.
Oh voz libre, sin vaso, sin metro
sólo cabe en guitarras y en las suaves orejas.
(De "Agón", Revista de Filosofía y Letras, Cuaderno a María Adela Agudo)
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Sol Acín
Hacia el estudio
Tu quehacer está allí, sobre la mesa.
Cuando te acerques volará el sentido
de las amadas cosas que te cercan:
el calor de tu piel, bajo el contacto
suave y terso del aire, los rincones
derramando pureza en sus tres líneas,
la alfombra de la luz encapuchada
por serenos contrastes de armonía.
Pienso que el mundo claro de mi cuarto,
detenido en su marcha con el día,
se ha olvidado de ser algo en la tierra,
y abre un camino alegre y desprendido
por su cielo presente y circundante.
(publicado en la revista "Argensola" 1952)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






