viernes, 7 de marzo de 2014

Hélène Dorion




SIN BORDE, SIN FINAL DEL MUNDO

Llega el día en el que la belleza bordea nuestro camino.
Nos inclinamos sobre la vida, y enseguida
nos levantamos, con el corazón tembloroso, más fuerte
por una verdad así rozada.

Viene el día en que posamos la mano
sobre un rostro, y todo deviene la claridad
de ese rostro. Todo se nutre
del mismo amor, de un rayo azul
y bebe del mismo río. Todo va
y viene en un único balanceo de las cosas.

Llega el día en que dejamos la estación.
Encerrados desde siempre, dejamos de pronto
de buscar refugios.
Soltamos las amarras.
Todo se alivia y el cielo se entreabre.

Entonces, más desnuda de no haber estado jamás desnuda
nuestra alma escucha por primera vez
su silencio interior.

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